jueves, 21 de abril de 2011

Jueves Santo en Jerusalén


Jesús vuelve a Jerusalén para cenar con sus discípulos, tras la cena, su última cena con ellos, Jesús sale hacia el monte de los olivos. Por el camino, Jesús les advierte que la situación es delicada y que es muy posible que las autoridades judías lo busquen para matarlo, aunque les consuela afirmando que no es el final, que volverán a encontrarse en Galilea, donde todo empezó. Los discípulos manifiestan, especialmente Pedro, que ellos le seguirán hasta donde vaya y si hace falta morirán con Él.

Llegan a Getsemaní. Jesús tiene, aún, la oportunidad de abandonar, sin embargo, ora para conservar las fuerzas y la coherencia. Los discípulos, los que iban a seguirlo hasta el final, se han quedado dormidos. Ellos no oran y, por tanto, han perdido las fuerzas del seguimiento a Jesús. Ante la primera amenaza, Judas y los guardias han llegado al huerto, los discípulos se dispersan y huyen, dejando a Jesús solo a su suerte. Una palabra impresiona en la escena del prendimiento en el huerto. Jesús llama a Judas "amigo". A pesar de todo, Jesús no abandona la idea de recuperar al que lo traiciona. Es una muestra más de amor. Aún lo considera amigo, no es Jesús del "ojo por ojo", sino el amor incluso al "enemigo".

Jesús es detenido y llevado al Palacio de Sumo Sacerdote, es el lugar del poder religioso. Los que custodian y velan por la religión buscan una razón para matarle. Jesús ha cuestionado desde el principio al poder religioso, y desde que está en Jerusalén, su contraposición ha sido permanente y determinante. La pregunta de Caifás es: ¿Eres tú el Hijo de Dios? A su afirmación, el Sanedrín se escandaliza, se burla y condena. Esta realidad es terrible. Jesús morirá en nombre de Dios a manos de sus representantes en la tierra.

En otro plano está Pedro. Aún permanece junto a Jesús, sin embargo, una criada, en el patio del palacio, lo reconoce y le increpa que también él pertenece al grupo de sus seguidores. Pedro niega a Jesús y lo abandona definitivamente. A partir de ahora, Jesús está solo, sólo unas mujeres, esas que lo acompañan desde Galilea, le seguirán hasta la cruz y el sepulcro. Luego, habrá que esperar y confiar en la promesa de Jesús volverá.

Confiemos y esperemos en el huerto donde será colocado en la tarde del Viernes Santo.

Hasta la próxima, suerte y bendiciones.