lunes, 18 de abril de 2011

Lunes en Jerusalén


Jesús pasó el Domingo de Ramos en la ciudad de Jerusalén. Tras entrar montado en un pollino y ser aclamado como Rey de paz, Jesús se fue al Templo. Según Marcos, lo observó todo y salió hacia Betania. Al día siguiente, Jesús vuelve a la ciudad. Dice el texto que sintió hambre y que se acercó a una higuera para comer sus higos, pero sólo encontró hojas. Ante esta contradición consistente en que, en una higuera, si es el tiempo, debe tener higos y no solo hojas, Jesús predice que ya esa higuera nunca dará a nadie de comer. Este relato, de carácter simbólico, nos vienen a decir que Jesús se refiere al Templo de Jerusalén, a la religión oficial que ofrece una frondosidad (hojas) engañosa, estéril. El judaísmo inmisericorde, fundamentado en el culto en el Templo, no ha sabido salvar al pueblo. La antigua Alianza está acabada. Su tiempo ha terminado, su papel en la historia de Israel termina.

Al llegar a Jerusalén, en la mañana del lunes y entrar en el Templo, Jesús adopta una actitud a la que no nos tiene acostumbrados: expulsa a los mercaderes del recinto en un acto de defensa de Dios y de los pobres. La iconografía ha presentado a un Jesús colérico, sin embargo, y sin quitarle dramatismo a la escena y profundidad a la reivindicación, el gesto de Jesús no creo que fuera violento, sino más bien firme y coherente. Independientemente del evangelista que lo cuente, Jesús se niega a aceptar que a Dios se le convierta en un instrumento de lucro económico por parte de los sacerdotes a los que se les había encomendado la custodia de la fe de Israel. Los sacrificios eran la vía de relación con Dios. Los animales eran propiedad de los sacerdotes y había que pagar por ellos. Jesús no puede consentir que su Padre sea alejado de su pueblo por una panda de "bandidos". Los pobres no tienen dinero, no pueden comprar animales, y por tanto Dios queda fuera de su alcance. ¿Hay mayor vileza que alejar a los pobres de su Padre y a Dios de sus hijos más queridos? De ahí, la decisión de Jesús, de acabar con este "negocio" en el que se ha convertido la religión de Israel.

Los sumos sacerdotes y los estudiosos de la Ley no pueden soportar esto y buscaban la manera de matarle. Jesús es un peligro que debemos detener. El "lunes santo" termina con Jesús saliendo de la ciudad. Vuelve a Betania, posiblemente a casa de Marta y María. Sin embargo, un día tras otro, vuelve a Jerusalén. Es el momento de confrontar a los dirigentes. Jesús no rehuye su destino. Ha venido a Jerusalén a llevar a término su misión, aún a sabiendas que lo que la primavera galilea se torna crudo invierno.

Nos volveremos a encontrar con Jesús el "jueves santo" cuando, con sus discípulos, se reúnan para celebrar su cena de despedida.

Hasta la próxima, suerte y bendiciones.