lunes, 2 de noviembre de 2009

Dichosos los que...



Sí, dichosos, felices o bienaventurados los que..., las tres sirven. No corren tiempos favorables para esta afirmación, pero, ¿nos vamos a dejar llevar por la tristeza y el desánimo? No, no y no. Como ya os habréis dado cuenta, la expresión no es mía, tiene como unos dos mil años, y está registrada por un tal Lucas y un tal Mateo que se la escucharon a un tal Jesús que recorrió este mundo haciendo el bien en un pequeño país llamado Israel. Las pronunció en un monte o un llano, según la versión que leáis, y en lo que sí coinciden los dos autores es en que las ofreció como programa para los que la oían. Hoy, las Bienaventuranzas, que es como han pasado a la historia, son el "discurso programático" de los que quieran llamarse seguidores de Jesús de Nazaret. Tienen que elegir ser pobres, ser misericordiosos, constructores de paz, buscar la justicia y además si los persiguen y los critican pues eso les sirve para saber que van por buen camino. Vivir las Bienaventuranzas es a lo que están llamados los cristianos desde hace dos mil años y, sólo unos cuantos lo han conseguido.

Hoy siguen estando ahí como invitación a vivir una vida evangélica. En la liturgia tienen su lugar el día de Todos los Santos pues quien las viva en su radicalidad es muy probable que llegue a los altares. La pena es que la fiesta de Todos los Santos está eclipsada por la de los Fieles Difuntos que se celebra al día siguiente y está más en el ambiente el "“Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris” (recuerda, hombre, que polvo eres y en polvo te has de convertir). " que "Dichosos, felices o bienaventurados" y se pasa más tiempo en los cementerios y en la cultura de la muerte que en asumir un futuro lleno de buenos y felices valores.

A mí lo que más me gusta de la propuesta, es que la invitación es a ser mejores, pero que ser felices va en el lote, si vas a ser misericordioso pero avinagrado, o pacífico pero triste y pobre amargado, mejor que lo dejes un tiempo y lo intentes más adelante.

Creo que lo importante es ser coherente, que los valores que confesamos los vivamos, que nuestra práctica esté acorde con lo que afirmamos. Así que si tienes que comprar, porque comprar hay que comprar, que sea de forma responsable y justa y para eso están las tiendas de Comercio Justo. Si tienes que ahorrar, ahorra, pero guarda tus ahorros en bancos éticos y solidarios y si generas deshechos, recicla, salvo que seas daltónico, puedes usar los contenedores grises, azules, verdes y amarillos.

Supongo que estas tres prácticas podrían ser tres nuevas bienaventuranzas (dichosos los que compran en tiendas de Comercio Justo, dichosos los que ahorran en bancos éticos y dichosos los que reciclan, de los tres será el Reino de Dios...) pero ni Mateo ni Lucas van a cambiar su texto a estas alturas, aunque seguro que están de acuerdo con ellas.

Para los que se animen al comercio justo os dejo este link www.comerciojusto.org/es/, para los que tengan unos ahorrillos www.triodos.es/ y para reciclar no hace falta una web tan solo es necesario querer. A todos ánimo.

Hasta la próxima, suerte y bendiciones.

2 comentarios:

pilardepiedra dijo...

Antonio, estamos sincronizados y aunque de manera muy diferente he escrito en mi blog hace unas horas sobre el propósito de ser mejor persona. Hablo del cambio y de lo importante que es procurarlo.
Quizás mi aptitud hacia el cambio me provenga de mi fe y de mi deseo contínuo desde pequeña de intentar ser mejor persona, porque así me lo inculcaron.
En fin, me alegra que estemos en sintonía y bienaventurados los que pretender mejorar cada día. Ese para mi es un gran reto.

ODAMAE dijo...

Yo tambien me uno, sobre todo a la idea de mejorar con alegría... una profesora mía siempre decía:"Dios mío a los malos haznos buenos, y a los buenos divertidos"...