lunes, 22 de abril de 2013

Adiós, mi bici, adiós...


El mes pasado mi bicicleta que llevaba conmigo casi tres años se fue, creo que para siempre. Cuando una mañana de lunes bajé al garaje para coger mi coche, me percaté que mi bicicleta había desaparecido. Me quedé de piedra cuando me di cuenta que algún amigo de lo ajeno había decidido dejarme sin mi compañera de paseos.

Tengo que reconocer que, dejar la bici con un simple candado en el garaje, era tentar mucho a la suerte, pero yo siempre he sido un sentimental y he confiado en la bondad de los desconocidos. Iluso de que quizás, algún equipo del CSI o de la UCO o por qué no las herederas de los Ángeles de Charlie encontraran mi bici y "redimieran" al ladrón. Me fui a la Comisaría de Policía a poner mi denuncia y, allí, un educado agente me tomó nota, me entregó la copia de la denuncia y me despidió con cara de condescendencia como diciendo "chico, vete comprando otra por que, lo que es la tuya, no la vuelves a ver en tu vida".

Y así, una mañana de marzo, mi bici y yo dejamos de ser pareja de hecho para pasar a ser dos amantes en la distancia y la soledad. Ahora, me paseo en otra bici más pequeña y más extraña que mi hijo muy generosamente me presta cada vez que quiero. Ya lo dice el refrán "a rey muerto, rey puesto" y yo, que intento ser práctico por encima de otros sentimentalismos, acepto sin remilgos el ofrecimiento de mi hijo y he vuelto a salir al mundo pedaleando...

Hasta la próxima, suerte y bendiciones.