jueves, 11 de abril de 2013

Pacem in terris...


Desde hacía tiempo tenía ganas de dedicarle una entrada a Juan XXIII. La oportunidad me la ofrece el hecho de que hoy, 11 de abril, se cumplan 50 años de que se publicara su última encíclica. La tituló "Pacem in terris"  y la subtituló de forma impresionante: "Sobre la paz entre todos los pueblos que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad". La encíclica fue prácticamente su testamento espiritual y el "Papa Bueno", como quiso llamarle el mundo, la dedicó, con gran espíritu acogedor, además de a los creyentes, a todos los hombres de buena voluntad.

La "Pacem in terris" buscaba iluminar al mundo sobre la importancia de vivir de forma pacífica y en armonía en la tierra y los caminos que hay que recorrer, en todos los ámbitos de la vida, para alcanzar la paz mundial definitiva. Redactada partiendo de la idea de que la persona, dotada de derechos y deberes, es el eje de la convivencia, Juan XXIII, atento a los signos de los tiempos, incluyó en su encíclica el apoyo a la legítima libertad de los pueblos colonizados, condenó el racismo, reivindicó el papel de la mujer en la vida pública y  demandó la ética política y el bien común. 

El pontificado de Juan XXIII solo duró cinco años. Se dijo cuando fue elegido que sería un Papa de transición. Más bien, creo que fue el Papa de la revolución que necesitaba la Iglesia Católica desde hacía años. La convocatoria del Concilio Vaticano II, que concluiría Pablo VI, supuso para la catolicidad un punto de inflexión en su vida interna y en su relación con el mundo. Juan Pablo II lo beatificó en el año 2000 como reconocimiento a su aportación a la vida de la Iglesia por ese excepcional hecho. Creo que ese "milagro" ya le hubiera valido la canonización.

El Papa Francisco ha declarado que la "Pacem in Terris" es "hoy un estímulo para empeñarse siempre en promover la reconciliación y la paz a todo nivel". 50 años después la encíclica sigue siendo un referente para el apoyo a las causas que buscan la paz y la reconciliación en este mundo en el que, desgraciadamente, aún existen muchas guerras y divisiones.

Hasta la próxima, suerte y bendiciones.