martes, 15 de junio de 2010

Esperar a florecer...


¿Recordáis cuando en el colegio nos encargaban el experimento de las lentejas, garbanzos o habichuelas que debían crecer sobre algodón en un vaso de plástico? Seguro que sí. No creo que haya un alumno de hace 35 años hasta la actualidad (anteriormente no lo puedo certificar) que no lo haya hecho. Yo lo hice y mi hijo, también. A él creo que se lo encargaron antes de Navidad y no sé si es que no se enteró bien de cuándo terminaba el experimento, pero hasta hace una semana, en la encimera de la cocina, todavía había un vasito con yerbas creciendo en un algodón. Si el objetivo era enseñar a los niños cómo crecen las plantas, con mi hijo, Don Daniel, su maestro puede estar orgulloso, pues el niño parece descendiente del gaditano Celestino Mutis ya que le ha cogido gusto a esto de ver crecer las plantas.

El pasado domingo fue su santo, y su abuela, que es una de sus mayores fans, le ha regalado un invernadero para que dé el salto al mundo del cultivo de forma más profesional. No penséis mal, su nueva propiedad no está en Almería o en Sanlúcar, paraísos del cultivo bajo plástico, el suyo es un invernadero infantil con seis macetitas y con seis tipos de semillas diferentes que, según pone en las instrucciones, crecerán como muy tarde en las próximas seis semanas. No sé si el experimento saldrá bien, pero Antoñito Juan está muy ilusionado.

En estos tiempos que corren en los que todo va muy deprisa y que la paciencia no es un valor en alza, sentarse a esperar a que la naturaleza se tome su tiempo para florecer es casi una excentricidad. Bueno, el niño sale a su padre y a su madre si no ¡qué podíamos esperar!

Hoy ha plantado las semillas. Nos toca esperar al menos dos semanas para ver si el éxito nos acompaña. Ya os contaré si la encimera de la cocina se convierte en el más hermoso jardín del barrio.

Hasta la próxima, suerte y bendiciones.

3 comentarios:

pilardepiedra dijo...

Que bien suena eso de esperar a que la naturaleza se tome su tiempo. Yo soy de las que quiero las cosas ya, y tengo que aprender de esta paciencia infinita y cíclica de la naturaleza. Ser espectadora de este gran espectáculo...

erfitadecai dijo...

La paciencia es una gran virtúd, lo dice un impaciente.
Saludos de un paisano de Celestino Mutis.

Dímelo en el Blog dijo...

Pilar:
Con el tiempo me he vuelto más paciente en algunas cosas. Si embargo, a las semillas del invernadero del niño no hubo que aplicarles paciencia pues han crecido de forma muy poco natural. Ahora está enormes, entre tú y yo, creo que eran artificiales.

erfitadecai:
Bienvenido al blog. Sí que es una virtud, entonces, habrá que ir acercándose a ella con paciencia. Saludos.