lunes, 23 de agosto de 2010

Unos vienen y otros van...


Un avión despega en Madrid rumbo a Boston y otro despega en Buenos Aires rumbo a Londres. Ambos se cruzan en mitad del Atlántico pero los pasajeros nunca sabrán unos de otros. Unos van y otros vienen.

La vida es un continuo ir y venir. Nos pasamos la vida yendo y viniendo de un lado a otro. Llegamos a la adolescencia dejando la infancia, y abandonamos la juventud para llegar a una cierta madurez. Algunos partirán antes de llegar a la vejez. Nacemos en una casa y, con los años, nos mudaremos a otra, y a otra, o más según el devenir de la vida de cada uno. Y si pensamos en el día a día, entonces el trasiego es frenético y agotador.

Con las personas nos pasa igual. Unos vienen y otros van, o mejor dicho, unos nos vienen y otros se nos van. Nos vienen amigos, familiares, nos vienen compañeros de trabajo, novios, esposos, amantes, más amigos, más familiares y más compañeros de trabajo. Igualmente, se nos van algunos amigos, algunos compañeros de trabajo, familiares, novios y también esposos.

Hay veces que el que viene lo hace de forma inesperada y entonces, es una sorpresa que nos descubre que la vida es como una inmensa terminal de aeropuerto, desde la que piensas partir pero que, en realidad has ido a recoger a otros. Son encuentros estimulantes, enriquecedores y llenos de vida. Otras veces, esperamos al otro, lo deseamos ardientemente, y si llega, entonces, es una venida que nos salva la vida. En estos casos nuestra existencia es una gran sala de espera, plena de impacientes y repleta de satisfacciones.

De la misma manera que unos vienen, otros se van. Nuestra estela de viajeros está llena de la espuma de tantos y tantos que se nos han ido quedando atrás. Fruto del paso del tiempo, por una incomprensión o la distancia, muchos se van.

Volamos hacia Boston o hacia Londres sin darnos cuenta que lo importante no es llegar sino quién viaja a nuestro lado, quién estará esperándonos y quién ha quedado atrás. Sobre el océano que es nuestra existencia hay miles de rutas que se cruzan y que están esperando para saber si son de ida o de vuelta.

Hasta la próxima, suerte y bendiciones.